Evolución del peso y la estatura del bebé

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Aunque cada niño es un mundo y hay muchas variaciones individuales, el aumento de peso mínimo habitual en un bebé suele ser el siguiente:

Durante las seis primeras semanas de vida: 20 gramos/día (140 gramos/semana).
Entre las seis semanas y los cuatro meses: 100-200 gramos/semana.
Entre los cuatro y los seis meses: 80-150 gramos/semana.
Entre los seis y los doce meses: 40-80 gramos/semana.
La ganancia de peso más rápida se observa hasta los 4-6 meses de vida, y posteriormente la curva se aplana. Por regla general, durante el primer semestre ganan una media de 600 g/mes, y de los 6 a los 12 meses, 500 g/mes. Suelen doblar el peso al nacimiento entre los 4 y los 6 meses, y lo triplican al año de vida.

En cuanto al crecimiento, ganan unos 25 cm el primer año, y alcanzan el metro de longitud (o lo que es lo mismo, cuadriplican la talla al nacimiento, que suele ser de 50 cm) a los 4 años de edad.

En realidad, una vez pasados los primeros dos meses no es necesario pesarlo cada semana, sino que es suficiente con un peso mensual. Hay que hacerlo siempre en la misma báscula, ya que pueden existir variaciones entre los distintos métodos de medida que pueden inducir a error (balanza electrónica, romana…), y sobre todo no hay que obsesionarse con el peso. El aspecto general de un niño, y no sólo su peso, suele ser el mejor indicador de su salud. Si está tranquilo, moja al menos 6-8 pañales al día, y depone al menos una vez cada dos días, lo más probable es que todo vaya bien.

¿Cuánto medirá mi bebé?
La talla con la que el bebé nace no marca la estatura que alcanzará de mayor: “Esta talla depende exclusivamente de factores maternos, es decir, del tamaño de la cavidad uterina y de la nutrición que ha tenido durante el período fetal”, explica la endocrina. Así, no pienses que si es un bebé grande será alto de mayor, o que si es pequeño será bajito.

Hay niños que crecen mucho en los dos primeros años y después menos. Por ejemplo, los bebés de países sudamericanos suelen ser más grandes y más gorditos, pero a partir de los 2 años su crecimiento se estanca, de forma que tienen una talla más baja que la de los niños españoles. “Esto se debe a factores genéticos y a los distintos hábitos alimentarios desde el nacimiento”, explica Verónica Gómez.

El crecimiento del niño depende de factores intrínsecos (genes, hormonas) y ambientales (alimentación, salud, ejercicio físico, afecto, etc.). Los genes determinan su estatura máxima, pero el conseguirla o no dependerá de otros factores como la prevención de enfermedades, seguir una alimentación adecuada, dormir lo suficiente o sentirse querido.

Por eso, si los padres son bajos es muy probable que el niño también lo sea, pero puede llegar a superar la talla de sus progenitores si las condiciones ambientales le son favorables.

¿Y qué ocurre con el peso?
El que tuvo al nacer tampoco determina el que tendrá de mayor. En este caso influyen los factores hereditarios (la constitución de los padres), pero los ambientales (alimentación, ejercicio, autoestima…) son aún más determinantes.

De hecho, hay niños y adolescentes que son obesos no por haber heredado los genes de sus padres, sino por hábitos nutricionales incorrectos y un estilo de vida sedentario.

Gráficas de percentiles
Pero no nos precipitemos; ahora lo que importa es que tu bebé vaya ganando talla y peso de un modo progresivo y armónico, lo que quedará reflejado en su gráfica de percentiles.

Así se valoran
Para entender estas gráficas, imagínate que ponen en fila a 100 niños con diferentes tallas y pesos (todos dentro de lo “normal”, estadísticamente), desde el más alto al más bajo, o desde el que tiene más peso al que tiene menos. E imagina que tu hijo es uno de ellos.

Si está en el percentil 97 de talla significa que sólo hay tres niños más altos que él (los cuales, además, están fuera de las curvas “normales”, que van del 3 al 97). Y si está en el percentil 25 de peso quiere decir que 75 niños pesan más que él y 24, menos.

Así influye la alimentación del principio
Los niños y niñas de hoy en nuestro país son más altos que los de hace décadas debido fundamentalmente a factores nutricionales. “La alimentación de la población es mejor ahora que hace 40 o 50 años. Y también lo es el control de la salud y la prevención de enfermedades”, afirma la endocrina Beatriz García Cuartero. Por eso es muy importante que sigas las recomendaciones que te den el pediatra o la enfermera en cuanto a la nutrición y los cuidados del bebé.

Buenas pautas
Lo aconsejable es que le ofrezcas el pecho desde que nace y que lo hagas a demanda (cuando el bebé tenga hambre). No te agobies por si estará o no bien alimentado: la leche materna es el mejor alimento para tu hijo. Además, si el especialista detecta en las revisiones que es necesario complementar su dieta, te lo dirá. “Se sabe si necesita complemento cuando hay un estancamiento en la curva del peso”, explica Verónica Gómez.

Conviene tener en cuenta que los niños alimentados con lactancia materna pueden tener un peso/talla inferior a los alimentados con lactancia artificial, y que a partir de los 6 meses aproximadamente se iguala el crecimiento en los niños por la introducción de la alimentación complementaria.

No obstante, lo que de verdad importa es la progresión continuada de las curvas de crecimiento, es decir, que el niño crezca y engorde manteniéndose en un percentil más o menos estabe, sin que de repente pase a otro mucho más bajo o alto.

Y cuando llegan los nuevos alimentos…
Hasta que cumpla6 meses tu pequeño se alimentará sólo con leche y a partir de ese momento tendrás que ir incluyendo otros alimentos en su dieta. Primero se introducen los cereales sin gluten, después el puré de verduras y la carne, la fruta, más tarde los cereales con gluten, el pescado blanco y el huevo (la pauta de cómo y cuándo introducirlos en la dieta de tu hijo te la dará el pediatra o la enfermera), de manera que al cumplir 1 año ya podrá comer casi de todo.

Eso sí, la leche seguirá siendo un alimento muy importante porque le proporciona calcio, un mineral imprescindible para su crecimiento. El niño debe tomar medio litro al día (incluidos otros lácteos), es decir, unos dos vasos grandes. Para calcularlo, ten en cuenta que un vaso de leche equivale a 2 yogures, o a una cuajada, o a dos quesos tipo petit, o a 40 g de queso magro o a 80 g de queso tipo burgos.

¡No le pongas a dieta!
Hay bebés que crecen rollizos, pero los especialistas no suelen ver esta situación como un problema. “En los primeros 18 meses algunos pueden estar gorditos, sin presentar ninguna alteración de base, normalizando la mayoría su peso cuando caminan”, dice la endocrina.

Se recomienda a los padres que estimulen al niño para que juegue y haga ejercicio, pero no se le pone a dieta. “Si los bebés tienen una obesidad importante aconsejamos a los padres que no sobrepasen las cantidades de alimentos diarias recomendadas para su edad, que reduzcan el aporte de cereales en las papillas, siempre con la supervisión del pediatra, y que los estimulen para que se muevan”, puntualiza Beatriz García Cuartero.

Otros factores importantes
Criar a un hijo no es sólo darle de comer y dejarlo en la cuna, hay que hablarle, darle afecto y hacer que sienta que estás con él», aconseja la endocrinóloga.

Por eso, la afectividad, el cariño y el contacto son fundamentales. De hecho, en las unidades de Neonatología se está imponiendo el método canguro, en el que las madres (y también los padres) colocan al bebé prematuro sobre su pecho, piel con piel, ya que se sabe que esta práctica favorece su maduración y su crecimiento.

El sueño, fundamental
Pero además de darle cariño y seguir buenos hábitos de alimentación e higiene, es importante que tu hijo se mueva y esté activo (no todo el día en el cochecito) y que cuides su descanso. No olvides instaurar una rutina a la hora de dormir, ya que la producción de la hormona del crecimiento es mayor durante la primera fase del sueño. Y ten en cuenta que descansar las horas suficientes no sólo le ayuda a crecer “a lo alto”, también puede prevenir la obesidad (un 7% de los niños de 3 a 5 años son obesos y 11% tienen sobrepeso, según la Fundación Española de Nutrición).

Varios estudios apuntan la relación falta de sueño-obesidad, al asociar la privación del descanso con una mayor ingesta de alimentos en la jornada siguiente. Y otros estudios relacionan la falta de actividad física durante el día con el mal descanso nocturno: el sedentarismo empeora la calidad del sueño porque el niño no se acuesta lo suficientemente cansado.

En resumen, “tu hijo debe jugar y reír, hacer ejercicio, dormir las horas adecuadas y llevar una buena alimentación. Es lo óptimo para su crecimiento”, indica García Cuartero.

El desarrollo psicomotriz
Además de vigilar que su evoución de talla y de peso sea la correcta, es importante comprobar también su desarrollo psicomotriz. Así es la evolución general de los bebés, pero recuerda que cada niño tiene un ritmo propio y que no debes preocuparte si el tuyo no cumple al pie de la letra estos datos. En todo caso, si algo te preocupa coméntaselo al pediatra, que te dirá si todo va bien.

De 0 a 3 meses. Desde los primeros días reconoce tu voz y olor. Ponlo sobre tu pecho para que sienta latir tu corazón. Con 2 meses tal vez te siga con la mirada si le hablas mientras te mueves. A los 3 meses quizá se sostenga sobre los brazos levantando la cabeza si lo tumbas boca abajo. Ponlo así unos minutos (sólo cuando esté despierto).
De 3 a 6 meses. Juega con él sobre ti, ríete, hazle cosquillas… ¿Sonríe? Pronto reirá a carcajadas. Ofrécele juguetes para que trate de cogerlos y ponlo boca abajo (ojo, nunca para dormir) en el suelo sobre una manta para que aprenda a voltearse.
De 6 a 9 meses. Dale juguetes para que los manipule y descubra texturas y sonidos. Y por el día túmbalo un rato sobre la manta en el suelo, boca abajo, poniendo algún juguete ante él para que intente reptar y alcanzarlo.
De 9 a 12 meses. Quizá gatee, lo cual beneficia su desarrollo psicomotor. Además, poder desplazarse y descubrir ‘nuevos horizontes’ le abre la mente. Anímale a practicarlo en un entorno seguro. Y dale juguetes con los que puedahacer torres y meter cubos unos dentro de otros.
De 12 a 18 meses. A esta edad muchos empiezan ya a caminar, agarrados a los muebles y después soltándose. Ponte ante él, llámale y recógele, así adquiere confianza. Déjale comer con su cuchara para que se haga másautónomo. No olvides jugar con él a la pelota: tírasela y dile que te la devuelva: le enseñará a coordinar muchos movimientos. Sobre todo, hazle feliz.

¿Y si no crece bien?
“Las alteraciones más frecuentes que afectan al crecimiento en los primeros 18 meses son las carencias nutricionales y afectivas por problemas sociales, las alteraciones genéticas (niños con síndromes), las cardiopatías congénitas (desde el nacimiento), las enfermedades metabólicas y la insuficiencia renal”, explica Beatriz García Cuartero. Y la celiaquía también puede manifestarse por una alteración del crecimiento.

Excepcionalmente puede haber un déficit en la secreción de la hormona del crecimiento o un cuadro como el síndrome de Turner, que precisará administrar hormona del crecimiento. Esta hormona se pone en inyección subcutánea todas las noches y por regla general lo hacen los padres en casa. Es un tratamiento que precisa un estricto control analítico de sangre, cada 4 o 6 meses, entre otras medidas.

El caso de los bebés prematuros
Algunos niños, como los prematuros, por el hecho de nacer antes de tiempo tienen un crecimiento inferior al resto, algo que se suele solucionar con el tiempo. “La mayoría recuperan su talla a los 2 o 3 años, si no hay patología de base”, explica la endocrinólo

 

 

 

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